Veintiocho bombas H son suficientes para provocar un efecto invernadero; destruyamos el mundo. Dejemos que hereden las cucarachas y las bacterias; demoles la oportnidad de hacerlo mejor que nosotros. ¿Qué hemos hecho para merecer el planeta? ¿Qué hemos aportado? No somos más que un cáncer. Un tumor en fase terminal. Un pequeño bulto qe se ha ido extendiendo hasta corromperlo todo y que debe ser extirpado. Nadie en el universo nos hecharia de menos. La Tierra seguiria girando alrededor del sol, la Luna alrededor de la Tierra y en algún lugar Dios reescribiría el Génesis corrigiendo los errores conocidos. Hemos sido un prototipo, un programa de prueba. Versión Beta . Es solo cestión de tiempo. Tenemos fecha de caducidad. Como replicantes... ¿Qué harás hasta entonces?

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Polvo y napalm

Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.

El grito

OFELIALALOCURA.jpgDespertó sobresaltada. Se incorporó como un resorte en su cama y corrió hasta la ventana; presa de los nervios, luchó primero contra la cortina, y contra la persiana después. El manubrio estaba roto, y la abrió simplemente tirando, conteniendo aún su rabia. Sacó medio cuerpo y desde su quinto piso gritó. Fué el mayor grito que jamás nadie haya dado. Millares de cabezas que andaban por la gran avenida se giraron hacia el cielo, buscando la fuente de aquel sonido sobrecogedor; los coches frenaron y derraparon: hubo accidentes, muertos y heridos. Cientos de cristales estallaron a la vez y los perros ladraron como locos mientras ella seguía gritando, sin saber por qué, solo de rabia. O de miedo. O de dolor. Y cuando el grito terminó, llegaron las ambulancias, la policía y los bomberos. Llegaron los cristaleros, y todo el mundo se preguntaba qué había pasado y qué significaba. Pero al poco, a nadie le importaba, y todo siguió como entonces.

Y ella quedó llorando, sentada bajo la ventana. Afónica.

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18/01/2005 09:22 Enlace permanente. Tema: Ficcion Hay 1 comentario.

Parte de la masa

polvynapbut.jpgSi habia algo que le diera miedo en el mundo, era ser uno más. Pero lo era. Su vida era como la de todos los demás; no es que fuera absurda, ni aburrida, ni nada de eso: para ser una persona normal, no podía quejarse. Sin ser rico, vivía desahogadamente; viviendo en la ciudad, no necesitaba coche, pero tenía una moto que no estaba mal, con la que eludía el tráfico con mayor o menor fortuna, según el día, y le resultaba fácil encontrar aparcamiento. Trabajaba como técnico de mantenimiento informático en unas oficinas en el centro, en uno de esos edificios antiguos que antes eran viviendas, pero que ahora nadie puede pagar salvo las grandes empresas; hacía un turno intensivo por la mañana, y aunque nunca había demasiado que hacer, tampoco tenía tiempo de aburrirse. De este modo, tenía las tardes libres, y no llegaba demasiado cansado a casa, por lo que solía ir al gimnasio, al cine o simplemente a pasear. En ocasiones salía a dar una vuelta en bicicleta, pero últimamente, más con el frío que estaba haciendo aquel invierno, casi no la había tocado. Mucha gente mataría por tener una vida así, pero él la odiaba con todas sus fuerzas.

¿Qué podía hacer para romper aquella felicidad forzada? Quizá cambiar de empleo: adiós a las tardes libres; probablemente, un sueldo más bajo. Seguro que más trabajo también. Pero era un cambio al fin y al cabo, sencillo y que no representaba en realidad un gran sacrificio, porque él sabía que, en realidad, solo se puede alcanzar la felicidad por medio de sacrificios. Sin embargo, sabía también que aquello sería solo postergar el cambio definitivo, que el nuevo trabajo terminaría siendo como el antiguo, y que, de todas maneras, con un empleo u otro, seguía siendo sólo uno más.

No sería justo decir de él que quisiera destacar: en absoluto. Le daba igual lo que otros pensaran de él; su deseo de diferenciarse era solo de puertas adentro, para poder decirse a sí mismo que era independiente de todo lo que le rodeaba. Quizá le habría bastado con coger algún hábito extraño, como comer primero el postre o lavarse los dientes con champú, pero el problema era que estos cambios habrían sido forzados; surgían de la voluntad de hacer algo, no de la de hacer eso concretamente, y eso los convertía en no-válidos. Lo que quería hacer era algo que surgiera de él sin pensarlo, sin plantearse si estaba bien o mál, y que cambiara su vida por completo.

(...)

Otra vez, ser perdió en la masa de gente. Zapatos limpios, pantalones planchados, camisa blanca. Un cigarrillo y un vaso de plástico que pretende ser de cristal. Aquella chica no era especialmente guapa; de hecho, ni siquiera era guapa. Sin embargo, entre todas las bellezas que había allí, se fijó en ella. No es que fuera diferente a las demás, mejor ni peor: estaba allí y estaba disfrutando, y con eso ya tenía suficiente para casi odiarla. Solo mirándola. La mano apretaba el vaso ya vacío, que se agrietaba, y los cubitos fueron al suelo (el hielo sucio es una imagen interesante).

El cartero llegó muy temprano. Después de que la chica se fuera, apenas había pegado ojo y tenía un sueño horrible. Se levantó a abrir la puerta de muy mal humor. Al parecer, alguien había enviado un paquete para su vecino de al lado, pero no había nadie en casa; nunca le había dado tanta rabia nada.

Nadie entendía por qué había pasado. Sus vecinos hablaban a las cámaras de televisión, ajenos al hecho de que sus quince minutos de gloria se reducirían a unos segundos en la crónica de sucesos, concentrados más en parecer creíbles que en disfrutar sus instantes de fama, y decían que era una persona normal y que les sorprendía mucho lo que había pasado. Sin embargo, mentían: estaba claro que, tarde o temprano, acabaría matando a alguien.

La policía ponía esa cinta amarilla por todas partes mientras lo sacaban maniatado. El juez aún no había dictado la orden de levantamiento del cadáver, y no podían hacer nada con el cartero machacado a golpes de florero de bronce. No se imaginaban por qué él sonreía: ya no era uno más.
18/01/2005 09:19 Enlace permanente. Tema: Ficcion No hay comentarios. Comentar.

El sueño

sueno-325.jpgAl hombre le corresponden por nacimiento muchos placeres; sin embargo, a medida que se ha ido socializando, el acceso a estos se ha ido restringiendo poco a poco y en realidad, muchos de los derechos que nos habia dado la naturaleza se han convertido en privilegios. Quizá el ejemplo más claro, en nuestro próspero y rico primer mundo, sea el sexo, pero existen otros placeres mas elementales, como la comida (no para alimentarse, sino para degustar) o el ocio que realmente están al alcance de muy pocos, o en todo caso al alcance de muchos, pero de forma racionada.

Para él, no existia más placer que el dormir. Trabajaba ocho horas y dormía dieciseis; pero es que él no dormía: soñaba. No he oído hablar de nadie que le pasara lo mismo: él soñaba lo mismo todos los días. No era un sueño que se repetía, sino que era el mismo sueño, un sueño que se continuaba cada noche dónde lo había dejado la anterior. Había empezado hacía tiempo, cuando él aún disfrutaba más despierto que dormido, tenía novia, amigos y le gustaba hacer cosas; poco a poco, en el sueño hizo amigos mejores, encontró nuevos pasatiemposc y conoció a una chica más guapa . Hacía unas semanas ella había ganado un gran premio en un concurso de belleza, y para celebrarlo, él le había comprado un collar de diamantes tan grandes que no se lo podía poner. Paseaban todas las noches por playas interminables, mientras sonaba música de arpas y violines, hasta que llegaba la hora de despertarse e ir a trabajar; era sin duda un momento trágico. Ella se echaba al suelo, se abrazaba a sus piernas y lloraba y pataleaba, suplicandole que no se fuera; pero él se iba, con el corazón roto, y en todo el día no dejaba de pensar en cómo estaría ella cuando él volviera, si habría estado llorando hasta entonces, o si le habría sucedido algo al volver sola desde la playa a su casa.

Estaban abrazados, desnudos, acariciados por las olas (que no mojan si es en sueños), viendo el amanecer, y ninguno de los dos se atrevía a hablar, porque sabían que el despertador estaba a punto de sonar otra vez. Al primer "bip", la miró a los ojos y vió como una lágrima sonreía en su ojo; y decidió que no se iba a despertar, que se quedaría allí, aquella noche y siempre.

Imagen:
http://www.iadb.org/idbamerica/Spanish/JUL01S/jul01s3p1.html
18/01/2005 17:36 Enlace permanente. Tema: Ficcion No hay comentarios. Comentar.

Un diálogo entre dos vecinos

book_burning_penn.jpgEn el mundo del futuro no habia piedras;

otros habían pensado que lo importante era el cómo, el cuando y el porqué, incluso el dónde, pero él sabía que la verdadera pregunta era el qué. Sabía que algo había pasado, que le habían hecho a él y a muchos más (a todos), pero no sabía el qué.

Pero al menos era consciente de que algo había pasado. ¿Cuando? daba igual. Intentó recordar cuanto tiempo llevaba viviendo en aquel piso, con aquel trabajo, sin ningún cambio importante. No pudo; parecía que siempre hubiera sido así, que siempre hubiera sido todo igual.

- Sí, yo también llevo toda la vida viviendo en este edificio.
- Pero... ¿Eso cuantos años son?
- Pues... no se, todos; toda la vida.
- Pero... Si yo también he vivido aquí siempre, ¿por qué no me acuerdo de ti cuando eras niño?
- Es que hace muchos años de eso.
- Pero recuerdo muchas cosas. Recuerdo un día en que iba en bici, por una calle dónde nunca pasaba ningún coche; iba muy rápido. Mi padre me la había pintado de color plata y había pegado unas cintas de colores al manillar, y yo corría como un loco calle abajo. De repente, de una esquina salió un coche, un todoterreno grandote de color negro. No iba deprisa, es más incluso se paró, pero yo no tuve tiempo a frenar y me estrellé contra la puerta. Entonces...
-... salió el conductor, y yo pensaba que me iba a regañar por haberle abollado el coche, pero en lugar de eso, me ayudó a levantarme y me preguntó si estaba bien. Yo no se si lloraba de dolor o del susto; no tendría más que ocho o nueve años, y mi bicicleta estaba destrozada. Cómo mis padres no estaban en casa, me llevó a la suya, que era en la misma calle, y allí me puso mercromina en las rodillas y me dió pan con chocolate para merendar.

Los dos quedaron callados y miraron la tele. El niño de la pantalla acompañó al extraño hasta el desván, aún con la cara llena de chocolate. Allí, el hombre le enseñó un baúl lleno de juguetes, que decía habían sido de su hijo, pero que él ya no los necesitaba más porque se había hecho grande, y podía llevarselos todos, o ir a jugar allí cuando quisiera.

Los dos quedaron callados. Sabían que algo había pasado, pero no sabían el qué.

Imagen:
http://www.theocracywatch.org/homophob.htm
24/01/2005 08:10 Enlace permanente. Tema: Ficcion No hay comentarios. Comentar.

Punch

fight_club_01b.jpgCuando golpeas a alguien, es probable que te hagas más daño tú que él si no sabes hacerlo.

Punch

La primera vez que uno da un puñetazo, espera que suene como en las películas y los videojuegos, pero no es así; el sonido real es parecido al de dejar caer un libro sobre una mesa o algo así. Pasa lo mismo con los disparos, los accidentes de coche y las explosiones; uno se siente decepcionado porque la realidad no supera a la ficción.

Punch

Los huesos de los dedos son largos y delgados, por lo que es fácil que se rompan si los golpeas contra un pómulo, una ceja, o especielmente una barbilla.

Punch

Poca gente sabe pegar aprovechando toda su fuerza; como todo, se aprende con la práctica, y raras veces una persona que se encuentre en su primera pelea va a ganar a otra que ya haya golpeado más de una vez, aunque parezca muy superior en peso y estatura. Un solo puñetazo descargado no solo con la fuerza del brazo, sino cogiendo impulso con todo el cuerpo y dejando llevar el propio peso, aunque este fuera de sesenta quilos, sería suficiente para dejar aturdido a un hombre mucho más corpulento. Por eso dicen que quien golpea primero golpea dos veces. El otro quizá no llegue a hacerlo ni una.

Punch

Uno de los golpes más efectivos que hay consiste en pegar en la parte baja de la barbilla, de abajo hacia arriba, manteniendo la mano abierta y golpeando con la palma, utilizando la muñeca y la solidez que proporciona el brazo (los huesos cúbito y radio) como base; si se da bien, hay bastantes posibilidades de romper la mandíbula del oponente, o al menos de dislocarla.

Punch

Él no sabía todo esto, pero le daba igual. Seguía golpeándo la cabeza; tenía tanta sangre en los nudillos como *P* en la cara. Ya ni siquiera sabía si él era él y si seguía pegándole a la misma persona; era imposible reconocer a ninguno de los dos. Ya ni siquiera se acordaba de por qué le estaba pegando, pero no podía parar de hacerlo. Ya no se sentía mejor, no sentía ningúna sensación agradable al golpearle, si es que alguna vez la había sentido. Ya solo le pegaba por inercia.

Le pegaba porque había hecho algo, ya no recordaba el qué, por lo que lo había merecido; a él no le apeteciía hacerlo, podría haberlo ignorado, pero era su obligación moral castigarle por lo que fuera que había hecho. Pero ya no se acordaba de qué era: pero le daba igual.

Era el mundo, lo que estaba golpeando. No había ojos, nariz, boca, orejas en aquella cara: eran Africa, Asia, Oceania, America, Europa, oceanos y desiertos, televisión y fútbol, modelos y modas, trabajo y apariencias.

Punch

Imagen:
http://eu.playstation.com/iw_images/assets/images/previews/f/fight_club/fight_club_01b.jpg
26/01/2005 14:01 Enlace permanente. Tema: Ficcion Hay 2 comentarios.


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